Cuarta revolución industrial reta a los trabajadores ticos a reinventarse

Estando en Galicia, España, en un“restaurante muy bueno, de estrellas Michelín”, Rafael Tamames, socio fundador de Findasense y autor del libro: ¿Qué robot se ha llevado mi queso? notó que, aunque la comida era muy buena, la gente dentro del local no despegaba la mirada de dos podadoras robóticas que cortaban el césped sin ayuda humana.

“Yo le preguntaba al dueño si había tenido que despedir al jardinero, pero él me dijo: ‘No, el jardinero está haciendo temas de paisajismo y esto que le demoraba tres días a la semana, ahora lo hace la máquina. Él está feliz, porque ahora se puede dedicar al trabajo que le gusta hacer’”, recordó Tamames en entrevista con La Nación.

Según el experto este es un ejemplo concreto de que la tecnología no está dejando sin empleo a esa persona y que, más bien, la máquina está siendo productiva: “si el jardinero hace paisajismo el sitio va a estar mejor, yo como comensal voy a sentir que es un lugar más agradable y voy a volver. ¡Hay rendimiento para todos!”, dijo.

Aunque es un ejemplo simple, el Fundador de Findasense considera que se puede extrapolar a grandes cadenas de producción, coches, fábricas, entre otras.

Esta realidad no escapa a la sociedad costarricense, pues cada vez más, la robótica, la analítica, la inteligencia artificial, el Internet de las Cosas, y demás tecnologías digitales que se mezclan con las físicas en la denominada Cuarta Revolución Industrial — tal y como lo define Deloitte— crean nuevas oportunidades para las empresas, pero también les obligan, como al jardinero, a reinventarse.

Aunque los avances tecnológicos sí representan un riesgo para el número de plazas, Max Esquivel de Cloudera explicó que "no es la primera vez que sucede algo así en la historia de la humanidad”. Lo importante, es buscar salidas.

La empresa para la que trabaja Esquivel se establecerá pronto en el país y se dedica a proporcionar soluciones de software para la gestión de grandes datos (Big Data) en la nube y centros de datos empresariales.

Esquivel apuntó a que en la industria en la que él se desempeña, las máquinas son capaces de utilizar datos masivos y definir con muchísima certeza “si un paciente que va a entrar a una cirugía de la rodilla, está en riesgo de una infección en el quirófano. Ese cliente nuestro, que es una cadena de hospitales en Norteamérica, ya ha salvado o evitado la muerte de 500 personas por eso tipo de cosas”.

Y aunque en este caso es la inteligencia artificial la que ayudó a salvar a la gente, esta tecnología no trabaja sola, “requiere de una (la humana) que le diga qué tiene que hacer”, recordó.

¿Pero si situaciones como estas no son nuevas en la historia humana, por qué ahora nos sorprendemos y preocupamos tanto? El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en su informe El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe: ¿Una gran oportunidad para la región? explica que lo que diferencia a esta cuarta revolución industrial de las anteriores es la velocidad con que ocurren los cambios.

“Aquellos que predicen alteraciones radicales en el mercado de trabajo argumentan que vivimos en tiempos exponenciales, en los que todo parece cambiar más rápido. Por ejemplo, el poder de los microchips se duplica cada dos años. Apenas se han necesitado dos décadas desde la comercialización de los primeros teléfonos inteligentes para que más de la mitad de la población mundial tenga uno en su poder”, apunta el BID en el documento.

Según el informe del BID, el 68% de los trabajadores costarricenses se encuentran en ocupaciones con alto riesgo de automatización, pero aclara que una cosa es el potencial de automatización y otra es si resulta rentable para los empresarios de la región desde el punto de vista económico sustituir a humanos por máquinas.

Esta realidad afecta a bastantes trabajadores, ya que muchos tienen una capacidad limitada de adaptarse y pueden tardar años en desarrollar “nuevas habilidades y asumir nuevas tareas (a veces resulta imposible). Al mismo tiempo, los gobiernos se mueven incluso más despacio para explotar las nuevas tecnologías”, continúa el informe.

De acuerdo con el Banco Mundial, la primera revolución industrial, en la década de 1760, estuvo caracterizada por la llegada de la máquina de vapor. Mientras que la segunda revolución se ubica tras el inicio de la producción en serie en 1870. La tercera, por su parte, fue la revolución digital donde se incorpora la microelectrónica y comienzan a aparecer las primeras computadoras personales en la década de 1950.

Ante este fenómeno surge la preocupación de si está Costa Rica preparada para hacer frente a esta realidad. Diana Salazar, gerenta de Servicios de Clima de Inversión de CINDE afirma que el país tiene buenas bases para formar parte de la llamada industria 4.0 y no quedar atrás, pero también tiene retos puntales. Entre ellos está “mejorar la cobertura y reducir la brecha digital para que más comunidades estén conectadas; asimismo el desarrollo de conocimiento técnico especializado alrededor de nuevas tecnologías y tendencias”.

Por su parte, Hugo Écija abogado español cuya firma ganó en el 2017 el premio a Mejor Despacho de Abogados en Derecho de Propiedad Intelectual, Derecho Tecnológico y Datos Personales, destacó que para insertarse en esta Cuarta Revolución Industrial el país cuenta con ventajas.

Entre esas bondades destacó que es uno de “los países de la región con mayor seguridad jurídica, (los costarricenses) tienen un sistema legal basado en el sistema legal europeo, con lo cual la adaptación a toda la normativa más avanzada en tecnología—que es la europea— es relativamente fácil”, dijo.

Además detalló que “el sistema educativo es muy bueno, inigualable en la región, aparte de que todo el mundo habla un inglés maravilloso. Es un centro de servicios”. Sin embargo, aseguró que en la actualidad el país tiene un retraso en materia de adaptación de la legislación de este tipo.

Justamente, en la Estrategia Digital hacia la Costa Rica del Bicentenario 4.0”, lanzada el 16 de octubre del 2018, el gobierno mostraba entre sus seis principales ejes la transformación empresarial 4.0, que fijaba como una de sus metas el desarrollo de capacidades y cultura digital para la industria 4.0, así como fortalecer y ejecutar políticas de conectividad en el territorio nacional.

Aunado a esto, en una reciente gira del Gobierno a Silicon Valley, el ministro de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones Luis Adrián Salazar aseguró que “hay una gran asociación entre talento y tecnología, y como país estamos potenciando y apoyando toda la era de la industria 4.0″.

Y, tras visitar el centro de Industria 4.0 con el que cuenta el Foro Económico Mundial, el jerarca afirmó: "Por eso buscamos instaurar un centro para el aprendizaje y aplicación de buenas prácticas sobre la Cuarta Revolución Industrial en Costa Rica”.

En ese lugar se discuten cuestiones éticas, valores y regulación de tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial, tales como Internet de las cosas (IoT, como se le conoce por sus siglas en inglés) y la inteligencia artificial y aprendizaje automático.

Según Alberto Mainieri, líder de operaciones de país de IBM en Costa Rica, es cierto que cada vez más los proceso manuales que hacía la gente se están volviendo más automatizados, pero según él: “el rol de las personas se va a convertir en un rol de consultoría, los procesos se van a hacer por máquinas y los colaboradores serán consultores para el cliente, agregando valor, análisis sobre los procesos”.

¿Quiere saber cómo se preparan las empresas y centros de enseñanza en Costa Rica para afrontar esta situación? ¿Qué puede hacer usted en este escenario para reinventarse? Averígüelo con nosotros en otras dos entregas, de esta serie de reportajes sobre el Futuro del Trabajo.

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Acerca de Findasense Costa Rica

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Con un crecimiento exponencial, Findasense nace en Madrid en 2007 como un proyecto emprendedor y hoy cuenta con alrededor de 300 empleados de más 20 nacionalidades, formados como innovation leaders repartidos en 12 oficinas propias de todo el mundo: Estados Unidos, Argentina, Chile, Perú, Costa Rica, Colombia, Ecuador, República Dominicana, Venezuela, España, Marruecos y Portugal

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